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Las prendas se decoloran con el paso del tiempo. No obstante, también influyen otros factores que la estropean y hacen que pierda su color y brillo habituales.

Uno de estos es la descomposición química que puede ser provocada por la exposición al sol por ejemplo. Los colores artificiales son débiles frente a la naturaleza, no así los colores naturales en los que no ha habido ninguna intervención química, como podría ser el caso del color natural del lino o el yute. 

Por otro lado, las telas sintéticas retienen mucho mejor los tintes que las telas naturales como el algodón 100 %. Por ende, las telas naturales se decoloran antes que las que no lo son. 

Las causas de la decoloración son dos: 

  • Razones químicas. Cuando se produce una reacción química con la prenda por algún factor externo, esta se decolora fácilmente. En esto puede influir el tipo de pintura que se haya usado, ya que unas son más suaves que otras; el proceso de secado de la pintura, la temperatura a la que está expuesta la prenda, la humedad, y sobre todo, la exposición al sol. Lo que sucede en este último caso, es decir con la exposición al sol, es que la pintura se rompe químicamente cuando la tela está mucho tiempo expuesta. 
  • Físicos. Esto puede ser porque la prenda en sí entre en contacto con líquidos como detergentes que la vayan debilitando. También podría suceder un pequeño accidente en el que se derrame algo que haga que la tela del producto pierda su color. 

Incluso la luz indirecta del sol puede perjudicar una prenda. Por ejemplo, una alfombra o un sofá que esté dentro de casa pero que reciba a diario la luz del sol que entra por la ventana, con el paso del tiempo perderá color. 

Y no solo eso, sino que dañará las fibras y los tejidos se debilitarán. Obviamente, la intensidad del daño provocado irá en relación con la calidad de la prenda, el tipo de tinte que lleve, el tiempo de exposición al sol y la intensidad de este. De más está decir que si la exposición es directa, el daño será mayor. Lo mejor para evitar que esto suceda es redistribuir los muebles de modo que le dé la menor luz natural posible, incluso cuando esta es indirecta. 

El uso de persianas y cortinas también puede ser de ayuda. Si esto no es posible o ya se han tomado estas medidas, se pueden rotar los muebles para que la decoloración sea más suave y uniforme. 

¿Y la luz artificial? ¿Daña las prendas? Por norma general no, ya que para que esto sucediera debería estar expuesta todo el día y a una distancia corta, lo cual es circunstancias normales no parece una situación muy común. 

Cuida tus telas y prendas al máximo evitando la excesiva exposición al sol y otros agentes dañinos. 

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