Historia

Fundad hace casi 50 años en Madrid por Juan Guillen García, la experiencia adquirida en este tiempo nos hace seguir primando la calidad en el servicio.

La limpieza en seco ya se realizaba en la Antigua Grecia. Es conocido porque este oficio estaba incluido en una lista de más de cien ocupaciones inscritas en unas tablas de barro fechadas entre el año 1600 al 100 A.C.

Éstos comerciantes sabían cómo quitar las manchas de la ropa utilizando Lejías, amoníaco otro barro absorbente. El método normal de limpiar textiles era con agua, cualquier otro método que no usara agua se llamaría limpieza en seco.

Se dice que la industria de la limpieza en seco se descubrió realmente en 1825 cuando el francés Jean-Baptiste Jolly tiró una lámpara y derramó la trementina (aceite extraído de la resina de las coníferas) que contenía sobre un mantel.

Se dio cuenta que al evaporarse el fluido ese área del mantel estaba más limpio, decidió entonces sumergir todo el mantel en trementina y quedó tan impresionado con el resultado que decidió explotar su invento abriendo la primera tintorería.

Pronto otras tintorería se irían abriendo por toda Europa y por lo menos 1 planta operaba en América en 1879, pero el problema principal de esta nueva industria era evitar el fuego y las explosiones de los productos inflamables.

Las primeras máquinas de lavado en seco fueron inventadas por una empresa escocesa llamada “Fullers of Perth” en 1869. Esta innovación hizo mucho más rápida y más eficiente la limpieza en seco. Antes de esta máquina, se limpiaban las prendas desensamblándolas completamente limpiando cada pieza en agua caliente, reemplazando el color tiñéndolas, y luego volviéndolas a coser, como resultado por este proceso tan complicado y costoso se limpiaban las prendas una vez al año. Ahora con la limpieza en seco estas prendas se podrían limpiar varias veces por mucho menos manteniendo el color y la resistencia de la prenda, también eran más fáciles de planchar.

En 1920 el primer disolvente no inflamable se creó en Alemania, y la profesión fue más segura, el tricloroetileno es un solvente muy potente que puede dañar las fibras sintéticas pero servía para limpiar grasa de máquinas e iba muy bien para la lana, en 1930 fue introducido el Percloroetileno (tetracloretileno) comúnmente llamado “per”. El per era más cuidadoso con las fibras sintéticas y rápidamente fue aceptado por toda la industria de la limpieza seco, es el disolvente que más se usa en la actualidad. Recientemente ha salido también el Triclorotrifluoretano un gas licuado que se evapora a menores temperaturas y que es menos agresivo que el per, pero todavía es poco común.